fuente: elfinanciero.com.mx
En enero, después de años de promoción, Google puso fin a un ensayo de prueba de sus anteojos conectados a Internet, llamados Glass. Aunque el dispositivo parecía tener aplicaciones comerciales prácticas en hospitales o en plantas fabriles, su primer paso por el mundo del consumo fue poco exitoso.
El mero fracaso público de Glass apunta a un interrogante mayor. Después de tolerar pacientemente un pronunciado incremento en el gasto de investigación y desarrollo en esfuerzos que van de la biología a la exploración espacial, Wall Street está empezando a preguntarse cuándo – y si – los proyectos de ciencia de Google rendirán frutos.
De manera que a los inversionistas solo les queda hacer suposiciones. Hace dos años, los analistas estimaban que la ventas de Glass serían de entre 3 mil y 11 mil millones de dólares para 2018. El proyecto del auto de conducción autónoma de Google, que enfrenta enormes obstáculos tecnológicos y regulatorios, ha sido llamado una oportunidad de 200,000 millones de dólares por Gene Munster, un analista en Piper Jaffray.
“Son suposiciones en el mejor de los casos”, dijo. “Nuestra meta de precio se basa en cosas que son tangibles, pero decimos además que hay imponderables”.
La sensatez de financiar imponderables no estaría en duda si la operación publicitaria central de Google – que representa un 90 por ciento de sus ingresos – estuviera en auge. Pero su crecimiento, aunque aún con incremento de 20 por ciento respecto de hace un año, se ha desacelerado, y el dominio de la compañía en los motores de búsqueda de escritorio se ha erosionado conforme los consumidores pasan más tiempo en sus teléfonos móviles cuyas pantallas diminutas son un espacio publicitario menos rentable.
Ahora, en vez de estimaciones en el aire para productos que podrían nunca volverse realidad, la atención se centra en asuntos más mundanos como los costos y los márgenes de utilidad. Los costos de la investigación y desarrollo crecieron a un 12 por ciento de los ingresos brutos el año pasado, la participación más alta desde que la compañía empezó a cotizarse públicamente en 2004. Eso incluye a la enorme mayoría de ingenieros y gastos técnicos en la compañía.
Los proyectos más inusuales están en Google X, en un edificio de ladrillo a menos de un kilómetro del campus principal de la compañía en Mountain View, California. Google X se enfoca en tecnologías que probablemente están a entre cinco y 10 años de ser comercializadas.
Su líder, Astro Teller, cuya tarjeta de presentación dice “Capitán de Lanzamientos a la Luna”, es un científico computacional polifacético que es también novelista y administraba un fondo compensatorio.
La rama de investigación de Google, Google X, es llamada la Fábrica del Lanzamiento a la Luna de la compañía. Una razón de que la empresa eligiera el término “Lanzamiento a la Luna” era recordar a la gente que abordaran los grandes problemas que bien podrían estallarles en la cara.
El mero fracaso público de Glass apunta a un interrogante mayor. Después de tolerar pacientemente un pronunciado incremento en el gasto de investigación y desarrollo en esfuerzos que van de la biología a la exploración espacial, Wall Street está empezando a preguntarse cuándo – y si – los proyectos de ciencia de Google rendirán frutos.
“Queremos compañías que continúen ampliando los límites, pero debe de haber cierta responsabilidad financiera en ello”, dijo Ben Schachter, un analista en Macquarie Securities. “No tenemos un conocimiento real de lo que está sucediendo”.
“Son suposiciones en el mejor de los casos”, dijo. “Nuestra meta de precio se basa en cosas que son tangibles, pero decimos además que hay imponderables”.
La sensatez de financiar imponderables no estaría en duda si la operación publicitaria central de Google – que representa un 90 por ciento de sus ingresos – estuviera en auge. Pero su crecimiento, aunque aún con incremento de 20 por ciento respecto de hace un año, se ha desacelerado, y el dominio de la compañía en los motores de búsqueda de escritorio se ha erosionado conforme los consumidores pasan más tiempo en sus teléfonos móviles cuyas pantallas diminutas son un espacio publicitario menos rentable.
Ahora, en vez de estimaciones en el aire para productos que podrían nunca volverse realidad, la atención se centra en asuntos más mundanos como los costos y los márgenes de utilidad. Los costos de la investigación y desarrollo crecieron a un 12 por ciento de los ingresos brutos el año pasado, la participación más alta desde que la compañía empezó a cotizarse públicamente en 2004. Eso incluye a la enorme mayoría de ingenieros y gastos técnicos en la compañía.
Los proyectos más inusuales están en Google X, en un edificio de ladrillo a menos de un kilómetro del campus principal de la compañía en Mountain View, California. Google X se enfoca en tecnologías que probablemente están a entre cinco y 10 años de ser comercializadas.
Su líder, Astro Teller, cuya tarjeta de presentación dice “Capitán de Lanzamientos a la Luna”, es un científico computacional polifacético que es también novelista y administraba un fondo compensatorio.