Translate-Traduzca-Traduire-Übersetzen-Перевести-翻译 - 翻译-Traduzir-翻訳 - 翻訳-

Buscar en este blog

Mostrando entradas con la etiqueta tiempo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta tiempo. Mostrar todas las entradas

lunes, 14 de noviembre de 2011

La máquina del tiempo es cuestión de dinero y no de física

FUENTE: TENDENCIAS21.NET
Stephen Hawking, el famoso físico minusválido cuyo libro, Historia del Tiempo, puso la cosmología al alcance del gran público, cumplió 60 años el año pasado. Algunos científicos aprovecharon la oportunidad para reunirse en la Universidad de Cambridge con la finalidad de hablar del fastidioso tema del viaje en el tiempo.

"La mayoría de los físicos ven el viaje en el tiempo como algo problemático, cuando no manifiestamente imposible", señala el profesor Matt Visser, experto en relatividad de Nueva Zelanda, refiriéndose a la paradoja según la cual un viajero del tiempo mata a su abuela cuando está durmiendo en la cuna.

Sin embargo, Visser reconoce que no hay ninguna prueba matemática que excluya la posibilidad de que un viajero en el tiempo cambie su pasado. ¿Puede estar protegida la cronología?, se pregunta. "A pesar del trabajo de una década, no sabemos nada con certeza al respecto."

Es fácil escribir del viaje en el tiempo como lo hace la ciencia ficción. Pero la existencia de al menos un modelo detallado de máquina para viajar en el tiempo ha llevado a físicos como Hawking a elaborar una conjetura sobre la protección cronológica que descarta la posibilidad de un viaje al pasado.

De la misma forma que las leyes de causa y efecto se confunden en la paradoja de la abuela muerta en la cuna por su nieto, hay cosas en el Universo que aún no comprendemos.

Velocidad, gravedad y tiempo

Sin embargo, el viaje en el tiempo hacia el futuro, por pasos, es ya algo corriente. Las teorías especial y general de la Relatividad de Einstein, escritas en 1905 y 1916 respectivamente, mostraron que muy altas velocidades o una intensificación de la gravedad, pueden curvar el tiempo de la misma forma que lo haría una pelota sobre una lámina de goma. Cuanta más elevada es la velocidad o más intensa la gravedad, mayor es la curvatura del tiempo, más conocida como dilatación.

Los satélites orbitales, por ejemplo, recorren cinco kilómetros por segundo, lo que supone que sus relojes marcan el tiempo más despacio que los relojes que están sobre la Tierra, aumentando la diferencia horaria entre la Tierra y los satélites cuanto más tiempo pasa.

"Estos relojes sufren la dilatación del tiempo porque se mueven por el espacio y están en un punto diferente en la gravedad", explica el Doctor Hugo Luckock, decano de la Facultad de Matemáticas de la Universidad de Sydney. "Cuando los técnicos diseñan estos satélites, tienen en cuenta la dilatación de tiempo para evitar resultados incorrectos en las observaciones", añade.

El viaje en el tiempo, tal como se muestra en las películas, es una versión extrema de esto. En la película La Máquina del Tiempo, el protagonista viaja años hacia el futuro en sólo unos minutos y ve cómo avanzan rápidamente los relojes del mundo exterior. Pero si los observadores del mundo exterior pudiesen ver el reloj de la máquina del tiempo, verían que se mueve muy despacio. Los relojes de la máquina y del mundo exterior están separados por décadas de tiempo.

Cuestión de dinero, no de física

"La teoría permite viajar al futuro desde el punto de vista de la Relatividad", dice Paul Davies, autor de numerosos libros de divulgación científica y profesor de la Universidad Macquarie. "Es algo que depende del dinero y no de la física", añade.

Por eso los físico-teóricos están empeñados en desenredar los misterios que representa el viaje al pasado, más que en explicar el viaje el futuro. Aunque es concebible según las teorías de Einstein, el viaje al pasado es muy discutible, ya que mientras que los viajes al futuro requieren sólo de una aceleración de la velocidad, los viajes al pasado implican proezas exóticas y dudosas de ingeniería.

Paul Davies escribió en 2001 el libro Cómo construir una máquina del tiempo en el que perfiló un modelo de viaje al pasado a partir de una variante de los agujeros negros llamada agujeros de gusano. Los agujeros negros se forman gracias a las estrellas grandes que se han extinguido y condensado.

La fabricación de una máquina para viajar en el tiempo necesita de dos agujeros negros unidos entre sí a través de un agujero de gusano, que de esta forma sería, literalmente, una puerta al pasado.

El físico norteamericano Kip Thorne fue el primero que a mediados de los años ochenta reflexionó en cómo podría fabricarse una máquina del tiempo, y Davies explicó más tarde cómo la tecnología del siglo XXI facilitaría este cometido.

Tres pasos para llegar al pasado

En primer lugar, un minúsculo agujero de gusano sería creado en un acelerador de partículas, una estructura parecida a la que posee el CERN de Suiza o al Laboratorio Brookhaven de Nueva York.

En segundo lugar, este minúsculo agujero de gusano podría ser hinchado y conservado en este estado a través de la todavía no desarrollada materia exótica, como la antigravedad.

En tercer lugar, una boca del agujero de gusano se haría girar en un acelerador de partículas hasta aproximarse a la velocidad de la luz durante una década. De esta forma, se establecería una diferencia de dilatación del tiempo entre las dos aperturas del agujero de gusano. Al juntar las dos aperturas del agujero de gusano, tendríamos una máquina para viajar al pasado.

Este modelo tiene ciertas limitaciones: el primero en viajar al pasado llegaría antes de que el agujero de gusano y su puerta de salida hubiera sido construida. Esto impide que se puedan hacer viajes, por ejemplo, a la segunda guerra mundial y explica por qué no hay entre nosotros turistas del futuro.

Además, la máquina propuesta por Davies requiere una ingeniería espectacular y plantea problemas filosóficos. "Mi dinero estaría en un proyecto que probablemente nunca podría ser construido Nunca podría estar seguro ni creo que nadie tampoco pueda estarlo", dice Luckock.

Físicamente posible, pero...

"Nadie puede decir que según la física no es posible", señala el doctor Leo Brewin, decano de la Facultad de Matemáticas de la Universidad Monash. "Pero el proyecto es problemático en el sentido de la escala, ya que la energía necesaria para construir agujeros de gusano es enorme y es difícil imaginar cómo podrían conseguirse", añade.

El profesor Ray Volkas, investigador de la teoría de partículas en la Universidad de Melbourne, dijo que los desafíos de la ingeniería para construir agujeros de gusano son considerables: "la Relatividad de Einstein permite esta posibilidad sobre los agujeros de gusano, pero hay que pensar más en esto, ya que todavía hay que descubrir si realmente es posible".

Pero aunque los obstáculos de ingeniería sean enormes, al lado de los problemas filosóficos resultan pequeños. Incluso si sólo hablamos de enviar señales al pasado, los problemas son similares.

Supongamos que la máquina del tiempo está conectada a un explosivo situado a su lado y que es capaz de destruirla si la señal correspondiente es activada. Supongamos que la señal se activa a las 3 AM, para que la máquina del tiempo sea destruida una hora antes, a las 2 AM. Si el dispositivo explota y la máquina se destruye a las 2 AM, ¿cómo se podría haber enviado la señal una hora después de la explosión? Los resultados serían absurdos.

Hasta la teoría de la Relatividad, que ha permanecido infalible durante 80 años, ha considerado la posibilidad de los viajes al pasado. Ninguna prueba ha podido excluirlos, aunque científicos de campos experimentales, como las supercuerdas o la gravedad cuántica, han encontrado algo.

Stephen Hawking ha elaborado la Conjetura de la protección cronológica que básicamente dice que estas cosas no pueden pasar porque no sabemos darles sentido, dice Brewin. La física dice que con ecuaciones matemáticas estas cosas pueden ocurrir, pero los humanos rechazamos estas posibilidades porque son absurdas.

Universos paralelos

La explicación más popular de estas paradojas es la de los universos paralelos. Esta interpretación sostiene que el Universo, tal como sugiere Gwyneth Paltrow en la película Sliding Doors, integra a miríadas de universos alternativos, lo que permite en teoría viajar al pasado y matar a la abuela en su cuna sin que surja ninguna paradoja.

En el mismo momento en que un viajero llega al pasado, el Universo se separa en muchos universos: en el que conocemos a la abuela en vida y en otros en los que ella puede sencillamente estar o no estar.

El viajero del tiempo, por el mero hecho de viajar a través del tiempo, está condenado a entrar en alguno de los universos paralelos y es incapaz siempre de reintegrarse al Universo del que partió por primera vez en la máquina del tiempo.

Conjetura de protección cronológica

No todo el mundo comparte la teoría de los universos paralelos, incluyendo Brewin: "parece complicado aceptar que cada vez que usted y yo tomamos una decisión, el Universo se divide en algo diferente para que cada cosa mantenga su consistencia... Me resulta incómodo."

"Prefiero quedarme con la alternativa de que en cualquier viaje en el tiempo, independientemente de los cambios que se hagan, no tendrán una consecuencia en el pasado". En otras palabras, el viaje en el tiempo es válido mientras no genere una paradoja.

De cualquier forma que se mire, el viaje al pasado es intrínsecamente insatisfactorio. Pero mientras la Conjetura sobre la protección cronológica llega a ser la tabla de salvación de los historiadores, los viajes en el tiempo seguirán despertando el interés de los físico teóricos.

"No es serio porque algunos de nosotros pensamos que vamos a construir una máquina para viajar en el tiempo", dice Davies. "Es serio porque para nosotros es importante descubrir la estructura causal del espacio tiempo".


Artículo publicado originalmente en The Age. Se reproduce con autorización del editor. Traducción del inglés: Eduardo Martínez. Copyright: Stephen Cauchi /The Age, Melbourne, Australia. Los enlaces que se incluyen en esta versión han sido aportados por el traductor.

domingo, 13 de noviembre de 2011

Un reloj de 10.000 años será levantado en las montañas de Nevada


FUENTE: TENDENCIAS21.NET
Una Fundación norteamericana que promueve el pensamiento a largo plazo y la tecnología sostenible se propone construir en las montañas de Nevada, junto a árboles que viven 5.000 años, un reloj que marcará el paso del tiempo durante 10.000 años.

Un prototipo en miniatura de este reloj, que medirá 12 metros de alto, está expuesto en el Museo de la Ciencia de Londres y su presentación ha coincidido con el lanzamiento del nuevo álbum de Brian Eno, concebido también para fomentar el pensamiento a largo plazo.

El álbum de Brian Eno, denominado Enero 07003, es un producto de la Fundación Long Now, promotora del reloj de los 10.000 años, de la que la ex-estrella del grupo Roy Music es uno de sus miembros más activos. Una muestra del álbum puede descargarse de Internet.

En su álbum, Eno explica que el proyecto de reloj pretende promover la contemplación del futuro lejano de la humanidad, por lo que su obra es considerada como una referencia del pensamiento a largo plazo.

Nueva visión del tiempo

La Fundación es crítica con la visión a corto plazo que caracteriza la época actual y quiere sustituir el principio de "más deprisa, más barato" por una alianza que una la lentitud de los procesos con la calidad.

Parte de la constatación de la caída de los mitos relativos al año 2000 y de la nueva economía, característica del corto plazo, para proponer como alternativa un espacio en el que pueda pensarse a más largo plazo.

El mismo reloj es en sí mismo un proyecto a largo plazo. Su funcionamiento será mecánico y digital al mismo tiempo, ya que se basa en el código binario para efectuar sus cálculos.

Aunque todavía no tiene diseño estructural definitivo, el reloj estará fabricado en piedra y metal y, debido a sus enormes dimensiones, podrá ser recorrido físicamente por los que quieran conocerlo, como una especie de marcha a través del tiempo.

Algoritmo del tiempo

El reloj dispondrá de un algoritmo que generará un carillón único cada vez que suena la campana. Está concebido para el muy largo plazo, ya que da las campanadas cada siglo y saca al cuco cada mil años.

El algoritmo está siendo elaborado por Eno con el apoyo de Dannis Hillis, el informático que inventó en los años ochenta el entonces ordenador más rápido del mundo y que es cofundador de la Fundación Long Now.

También se regula automáticamente, ya que un ordenador incorporado cuenta las horas, los años, los calendarios solares, los siglos, las fases de la luna y los ciclos zodiacales. Cada hora, además, el reloj hace una comprobación visual de los cambios del entorno para actualizar el funcionamiento de su ritmo horario.

Después del lanzamiento del álbum de Eno, el siguiente paso del proyecto es la puesta en marcha, el próximo mes de julio, del proyecto Roseta, un prototipo de disco de níquel concebido para almacenar informaciones durante 10.000 años. El disco ya dispone de frases almacenadas en 1.000 lenguas, pero sus autores pretenden inventariar y conservar las frases en todas las lenguas conocidas.

Nueva Piedra de Roseta

El proyecto imita a las grabaciones realizadas sobre la Piedra de Roseta, una pequeña lápida de basalto negro y de forma irregular que esconde el secreto de los jeroglíficos del antiguo Egipto. Contiene tres inscripciones del mismo texto, dos de las cuales aparecen en egipcio antiguo (jeroglífico y demótico) y una tercera en griego.

En el disco ya hay grabadas más de 300.000 páginas de texto destinadas a la lectura por parte de nuestros descendientes y en el que figurarán, entre otros documentos, los seis primeros libros de la Biblia escritos en al menos mil lenguas humanas.

El disco es la nueva versión de la Piedra de Roseta, que en vez de pesar cientos de kilos, es un círculo de níquel de cinco centímetros de diámetro con las claves documentales de nuestra civilización escritas en todas las lenguas humanas, para facilitar su comprensión por las inteligencias futuras.

Paralelamente, la Fundación Long Now trabaja en otro proyecto conocido como Ely Server, que pretende conservar documentos informáticos completos durante los 10.000 años de la vida del reloj. Estos archivos serán dinámicos, ya que se irán actualizando con las novedades que se produzcan durante el tiempo de la vida útil del reloj.

En marcha desde 1996

La Fundación Long Now fue establecida en 1996 con la intención de desarrollar el reloj, sembrar la semilla de una institución de muy largo plazo y concebir una creatividad capaz de servir de referencia para los próximos 10.000 años.

El reloj es la referencia de esta mentalidad, ya que debe desempeñar un papel similar al que representó la Tierra vista desde la Luna: el reloj pretende una nueva óptica que permita contemplar con perspectiva la aceleración tecnológica, el corto horizonte temporal de los negocios y las posibles alternativas al sistema democrático.

El papel de este reloj es similar al que desempeñan las gafas para corregir la miopía, enfermedad de la vista que se caracteriza por otorgar una visión precisa de los objetos cercanos y por una dificultad para observar la lejanía.

Lo que pretende es corregir la miopía social en la que hemos caído con un mecanismo tecnológico que introduce la dinámica del largo plazo, en el que un siglo es la unidad de medida, lo que obligará a cambiar la actual mentalidad de la gente... también a largo plazo.

jueves, 5 de marzo de 2009

Asimov-40. ¿Cuál es la unidad de tiempo más pequeña posible?

Poco después de 1800 se sugirió que la materia consistía en pequeñas unidades llamadas «átomos». Poco después de 1900 se aceptó que la energía constaba de pequeñas unidades llamadas «cuantos». Pues bien, ¿hay alguna otra magnitud común que venga en pequeñas unidades fijas? ¿El tiempo, por ejemplo?
Hay dos maneras de encontrar una «unidad lo más pequeña posible». Está primero el método directo de dividir una cantidad conocida hasta que no se pueda seguir dividiendo: descomponer una masa conocida en cantidades cada vez más pequeñas hasta quedarnos con un solo átomo, o dividir energías conocidas hasta obtener un solo cuanto. El otro método, indirecto, consiste en observar algún fenómeno que no pueda explicarse a menos que supongamos la existencia de una unidad mínima.
En el caso de la materia, la necesidad de una teoría atómica vino a través de una serie muy nutrida de observaciones químicas, entre las cuales figuraban la «ley de las proporciones definidas» y la «ley de las proporciones múltiples». En el caso de la energía, fue el estudio de la radiación del cuerpo negro y la existencia del efecto fotoeléctrico lo que determinó la necesidad de la teoría cuántica.
En el caso del tiempo, el método indirecto falla... al menos hasta ahora. No se han observado fenómenos que hagan necesario suponer que existe una unidad de tiempo mínima.
¿Y por el método directo? ¿Podemos observar períodos de tiempo cada vez más cortos, hasta llegar a algo que sea lo más corto posible?
Los físicos empezaron a manejar intervalos de tiempo ultracortos a raíz del descubrimiento de la radiactividad. Algunos tipos de átomos tenían una vida media muy breve. El polonio 212, por ejemplo, tiene una vida media inferior a una millonésima (10-6) de segundo. Se desintegra en el tiempo que tarda la Tierra en recorrer una pulgada en su giro alrededor del Sol a 29,8 kilómetros por segundo. Pero por mucho que los físicos estudiaron estos procesos con detalle, no había ningún signo, durante ese intervalo, de que el tiempo fluyese a pequeños saltos y no uniformemente.
Pero podemos ir un poco más lejos. Algunas partículas subatómicas se desintegran en intervalos de tiempo mucho más cortos. En la cámara de burbujas hay partículas que, viajando casi a la velocidad de la luz, logran formar, entre el momento de su nacimiento y el de su desintegración, una traza de unos tres centímetros, que corresponde a una vida de una diezmilmillonésima (10-10) de segundo.
Más ahí tampoco acaba la cosa. Durante los años sesenta se descubrieron partículas de vida especialmente corta. Tan efímeras, que aun moviéndose casi a la velocidad de la luz no podían desplazarse lo bastante para dejar una traza medible. El tiempo que vivían había que medirlo por métodos indirectos y resultó que estas «resonancias» de vida ultracorta vivían sólo diezcuatrillonésimas (10-23) de segundo.
Es casi imposible hacerse una idea de un tiempo tan fugaz. La vida de una resonancia es a una millonésima de segundo lo que una millonésima de segundo a tres mil años.
O mirémoslo de otra manera, La luz se mueve en el vacío a unos 300.000 kilómetros por segundo, que es la velocidad más grande que se conoce. Pues bien, la distancia que recorre la luz entre el nacimiento y la muerte de una resonancia es de 10-13 centímetros. ¡Aproximadamente la anchura de un protón!
Pero tampoco hay que pensar que la vida de una resonancia es la unidad de tiempo más pequeña que puede haber. No hay signos de que exista un límite.

Referencia: 100 Preguntas Básicas sobre la Ciencia, © 1973 by Isaac Asimov

Asimov-39. El tiempo, ¿es una ilusión o existe realmente? ¿Cómo habría que describirlo?

El tiempo, para empezar, es un asunto psicológico; es una sensación de duración. Uno come, y al cabo de un rato vuelve a tener hambre. Es de día, y al cabo de un rato se hace de noche.
La cuestión de qué es esta sensación de duración, de qué es lo que hace que uno sea consciente de que algo ocurre «al cabo de un rato», forma parte del problema del mecanismo de la mente en general, problema que aún no está resuelto.
Tarde o temprano, todos nos damos cuenta de que esa sensación de duración varía con las circunstancias. Una jornada de trabajo parece mucho más larga que un día con la persona amada; y una hora en una conferencia aburrida, mucho más larga que una hora con los naipes. Lo cual podría significar que lo que llamamos un «día» o una «hora» es más largo unas veces que otras. Pero cuidado con la trampa. Un período que a uno le parece corto quizá se le antoje largo a otro, y ni desmesuradamente corto ni largo a un tercero.
Para que este sentido de la duración resulte útil a un grupo de gente es preciso encontrar un método para medir su longitud que sea universal y no personal. Si un grupo acuerda reunirse «dentro de seis semanas exactamente», sería absurdo dejar que cada cual se presentara en el lugar de la cita cuando, en algún rincón de su interior, sienta que han pasado , seis semanas. Mejor será que se pongan todos de acuerdo en contar cuarenta y dos períodos de luz-oscuridad y presentarse entonces, sin hacer caso de lo que diga el sentido de la duración.
En el momento que elegimos un fenómeno físico objetivo como medio para sustituir el sentido innato de la duración por un sistema de contar, tenemos algo a lo que podemos llamar «tiempo». En ese sentido, no debemos intentar definir el tiempo como esto o aquello, sino sólo como un sistema de medida.
Las primeras medidas del tiempo estaban basadas en fenómenos astronómicos periódicos: la repetición del mediodía (el Sol en la posición más alta) marcaba el día; la repetición de la Luna nueva marcaba el mes; la repetición del equinoccio vernal (el Sol de mediodía sobre el ecuador después de la estación fría) marcaba el año. Dividiendo el día en unidades iguales obtenemos las horas, los minutos y los segundos.
Estas unidades menores de tiempo no podían medirse con exactitud sin utilizar un movimiento periódico más rápido que la repetición del mediodía. El uso de la oscilación regular de un péndulo o de un diapasón introdujo en el siglo xvii los modernos relojes. Fue entonces cuando la medida del tiempo empezó a adquirir una precisión aceptable. Hoy día se utilizan las vibraciones de los átomos para una precisión aún mayor.
Pero ¿quién nos asegura que estos fenómenos periódicos son realmente «regulares»? ¿No serán tan poco de fiar como nuestro sentido de la duración?
Puede que sí, pero es que hay varios métodos independientes de medir el tiempo y los podemos comparar entre sí. Si alguno o varios de ellos son completamente irregulares, dicha comparación lo pondrá de manifiesto. Y aunque todos ellos sean irregulares, es sumamente improbable que lo sean de la misma forma. Si, por el contrario, todos los métodos de medir el tiempo coinciden con gran aproximación, como de hecho ocurre, la única conclusión que cabe es que los distintos fenómenos periódicos que usamos son todos ellos esencialmente regulares. (Aunque no perfectamente regulares. La longitud del día, por ejemplo, varía ligeramente.)
Las medidas físicas miden el «tiempo físico». Hay organismos, entre ellos. el hombre, que tienen métodos de engranarse en fenómenos periódicos (como despertarse y dormirse) aun sin referencia a cambios exteriores (como el día y la noche). Pero este «tiempo biológico» no es, ni con mucho tan regular como el tiempo físico.
Y también está, claro es, el sentido de duración o «tiempo psicológico». Aun teniendo un reloj delante de las narices, una jornada de trabajo sigue pareciéndonos más larga que un día con la persona amada.

Referencia: 100 Preguntas Básicas sobre la Ciencia, © 1973 by Isaac Asimov