fuente: http://www.elespectador.com/
Todo ser vivo que habita este planeta —usted mismo, la bacteria de
sus intestinos que le ayuda a hacer la digestión, todas las especies
conocidas y por conocer y todas las que se han extinguido durante más de
3.000 millones de años— vivimos gracias al mismo alfabeto: el ADN.
Hasta hoy no ha habido un solo ser que variase la composición básica de ese alfabeto de la vida que tiene cuatro letras: G, C, T, A, iniciales de los cuatro compuestos bioquímicos que forman el ADN.
Éste contiene toda la información necesaria para fabricar un ser vivo, cualquier ser vivo. Pero ¿podría expandirse ese alfabeto, inventar nuevas letras con nuevas funciones y generar así nuevas formas de vida artificiales?
La respuesta es sí, y es lo que acaba de demostrar un equipo de investigadores de EE.UU. El objetivo final es crear formas de vida artificial cuyo ADN se escriba como se escribe el sistema operativo de un ordenador o un teléfono móvil. Esto podría permitir crear vida no natural, bacterias que fabriquen nuevos fármacos, que conviertan desechos en potentes combustibles, que elaboren nuevos compuestos químicos a muy bajo coste o que incluso aclaren numerosas incógnitas sobre el origen de la vida en la Tierra.
El último logro hacia ese objetivo ha sido crear el primer ser vivo con un alfabeto genético ampliado, que lleva dos letras artificiales. En un estudio anterior, los científicos del Instituto de Investigación Scripps (EE.UU.) crearon dos nuevas bases de ADN a las que han puesto los sobrenombres X e Y. Su composición química es similar a las cuatro existentes: guanina, citosina, timina y adenina (G, C, T, A), pero no igual. Aun así, fuera de un ser vivo, esas nuevas letras parecían poder sumarse al ADN normal. Ahora, en un nuevo estudio publicado en Nature, han demostrado que esas letras pueden introducirse en un organismo vivo, una bacteria, pasar desapercibidas para la maquinaria natural que combate cualquier daño en el ADN y ser asumidas sin problemas por la genética del microbio.
Es la primera demostración de que el alfabeto de la vida no está cerrado y puede ampliarse con letras nuevas, reescribirse más allá de los límites de la naturaleza. Hacerlo podría traernos un nivel de dominio superior sobre la naturaleza y las enfermedades, y avances en energía, combustibles, medicina o alimentación que ni siquiera podemos imaginar. El nuevo paso es una puerta de entrada a ese futuro y se suma al primer cromosoma sintético que se incorpora sin problemas a un organismo unicelular, anunciado hace tan sólo unas semanas.
Hasta hoy no ha habido un solo ser que variase la composición básica de ese alfabeto de la vida que tiene cuatro letras: G, C, T, A, iniciales de los cuatro compuestos bioquímicos que forman el ADN.
Éste contiene toda la información necesaria para fabricar un ser vivo, cualquier ser vivo. Pero ¿podría expandirse ese alfabeto, inventar nuevas letras con nuevas funciones y generar así nuevas formas de vida artificiales?
La respuesta es sí, y es lo que acaba de demostrar un equipo de investigadores de EE.UU. El objetivo final es crear formas de vida artificial cuyo ADN se escriba como se escribe el sistema operativo de un ordenador o un teléfono móvil. Esto podría permitir crear vida no natural, bacterias que fabriquen nuevos fármacos, que conviertan desechos en potentes combustibles, que elaboren nuevos compuestos químicos a muy bajo coste o que incluso aclaren numerosas incógnitas sobre el origen de la vida en la Tierra.
El último logro hacia ese objetivo ha sido crear el primer ser vivo con un alfabeto genético ampliado, que lleva dos letras artificiales. En un estudio anterior, los científicos del Instituto de Investigación Scripps (EE.UU.) crearon dos nuevas bases de ADN a las que han puesto los sobrenombres X e Y. Su composición química es similar a las cuatro existentes: guanina, citosina, timina y adenina (G, C, T, A), pero no igual. Aun así, fuera de un ser vivo, esas nuevas letras parecían poder sumarse al ADN normal. Ahora, en un nuevo estudio publicado en Nature, han demostrado que esas letras pueden introducirse en un organismo vivo, una bacteria, pasar desapercibidas para la maquinaria natural que combate cualquier daño en el ADN y ser asumidas sin problemas por la genética del microbio.
Es la primera demostración de que el alfabeto de la vida no está cerrado y puede ampliarse con letras nuevas, reescribirse más allá de los límites de la naturaleza. Hacerlo podría traernos un nivel de dominio superior sobre la naturaleza y las enfermedades, y avances en energía, combustibles, medicina o alimentación que ni siquiera podemos imaginar. El nuevo paso es una puerta de entrada a ese futuro y se suma al primer cromosoma sintético que se incorpora sin problemas a un organismo unicelular, anunciado hace tan sólo unas semanas.