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martes, 17 de marzo de 2015

50 años de la primera caminata espacial

fuente: eltiempo.com

 
Rusia y Estados Unidos celebran este año el cincuentenario de sus primeras caminatas o actividades extravehiculares (EVA, por sus siglas en inglés), que sentaron las bases para la exploración espacial.
Luego de medio siglo, los astronautas han sido capaces de caminar por la Luna, de reparar el telescopio Hubble, de construir una estación orbital, y se preparan para viajar a un asteroide y a Marte.

Nada de eso habría sido posible si, el 18 de marzo y el 3 de junio de 1965, el soviético Alexei Leonov y el estadounidense Edward White, respectivamente, no hubieran probado que el ser humano podía salir de su nave espacial por varios minutos y volver a ingresar, sin mayores contratiempos.
“El espacio es el ambiente más hostil y peligroso de los que le ha tocado explorar al ser humano”, explica Mauricio Henríquez, investigador del Laboratorio de Estudios espaciales de la Universidad Austral (Chile), sede Puerto Montt.

Por eso, este tipo de salidas sigue siendo un riesgo aún hoy, cuando ya se han completado 211. “No hay nada que se ajuste a lo que nos acomoda a los seres humanos o mamíferos en general. Nosotros necesitamos cierta presión atmosférica, pero allá hay vacío, no hay un escudo magnético que nos proteja de la radiación y las temperaturas son extremas, dependiendo de si se está a la sombra o expuesto directamente al Sol”, añade.

De ahí que el traje, más que un vestuario, es una micronave espacial individual, explica. “Tiene todo en términos de generación de un ambiente propicio para el ser humano. Tiene un control térmico, otro de protección contra la radiación y un tercero para hacer frente al vacío del espacio; son varias capas de sistemas integrados que lo hacen muy voluminoso”, explica Henríquez.

En su interior contiene una bomba para lograr una presión atmosférica similar a la de la Tierra, y también un sistema de control térmico que funciona por medio de unas mangueras de agua.
A través de la circulación de agua caliente o fría, el cuerpo humano se tempera de acuerdo con lo que vaya necesitando, según el lugar en que está en órbita.

Si debe salir a una caminata y en ese momento la temperatura es de -80 grados, el traje hará circular agua caliente para que se mantenga a una temperatura adecuada. En cambio, si está a una órbita en la que llega la luz del Sol, la temperatura será muy alta y el traje hará circular agua helada para bajar el nivel de calor del astronauta.

Pero esos sistemas a veces pueden fallar. En febrero pasado, el traje del astronauta italiano Luca Parmitano tuvo una filtración de agua mientras realizaba una caminata en el exterior de la Estación Espacial Internacional (EEI). Como por la presión el líquido tiende a irse a los extremos, el casco comenzó a llenarse de fluido y el astronauta tuvo que retornar de inmediato a la nave. Si no lo hacía, corría el riesgo de morir ahogado.

En 1965, Alexei Leonov también enfrentó una emergencia en su primera e histórica salida. Debido a la falta de presión, su traje se infló en exceso, por lo que tuvo serios problemas para retornar a la nave. Se vio obligado a liberar la presión manualmente y reingresar de cabeza y no por los pies, como estaba estipulado.

Uno de los aspectos más llamativos de las primeras caminatas espaciales eran los “cordones umbilicales” con los que los astronautas estaban unidos a sus naves. No solo eran cables de seguridad, sino además el conducto por donde se transportaba el oxígeno.

Esta tecnología todavía se usa para los desplazamientos cerca de la nave o de la EEI. Para mayores distancias se prefieren las unidades de maniobra tripulada (MMU, por sus sigla inglesa), especie de mochilas autopropulsadas.

Ahora la Nasa trabaja en una nueva generación de trajes, más flexibles y livianos, pero no por eso menos herméticos, ideales para desempeñar tareas manuales, algo que será necesario en los viajes que se avecinan, que demandarán varios meses de desplazamientos a través del espacio profundo, donde el encuentro con el vacío será absoluto y la radiación será mucho más intensa.

Al igual que cuando comenzó la carrera espacial, será todo un desafío contar con tecnología segura que permita actividad extravehicular a millones de kilómetros de distancia de la Tierra. Solo sabremos de su real efectividad cuando sean puestos a prueba en ese ambiente.