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domingo, 21 de diciembre de 2014

Estudio revela cómo reacciona el cerebro humano con el dinero

fuente: http://www.ideal.es/

Un reciente estudio ha tratado de aclarar cómo reacciona el cerebro de un ser humano ante el dinero, y las conclusiones son, cuanto menos, curiosas y dignas de ser comentadas por su posible valor antropológico y social dentro de nuestra cultura.
 ¡Insólito! Estudio revela cómo reacciona el cerebro humano con el dinero
La investigación se basaba en la siguiente premisa, un dicho popular que para muchos es cierto: el dinero cambia a las personas y las vuelve avaras, egoístas y terriblemente superficiales.

Por ello, la ciencia ha querido indagar en esta cuestión, analizando cómo reacciona el cerebro ante un aumento súbito y descontrolado de la riqueza patrimonial de una persona.
De esta forma, el medio Fondos Cotizados afirma que el 80% de personas en el mundo que ganan la lotería, se gastan toda su fortuna antes de 10 años, mientras que en Estados Unidos, el 75% lo hace en sólo 5 años totales.

De acuerdo con el estudio, el dinero genera un poder adquisitivo que lleva a que los millonarios se sientan dueños de todo, incluso de las vidas humanas. No en vano un estudio universitario de 2012 afirma que el dinero reduce la empatía.

Del mismo modo, la investigación recientemente realizada declara que el cerebro al ser expuesto a términos económicos, automáticamente empieza a razonar los beneficios que puede obtener, obligando a la persona a tomar acciones moralmente cuestionables.

En este sentido, la investigación recupera un estudio que, en el año 2010, descubrió que una alteración genética en la amígdala cerebral hacia que algunas personas no sufriesen al perder dinero.

Finalmente, la investigación también ha demostrado que el ganar dinero activa los circuitos cerebrales del placer-recompensa, pero de una manera indirecta y que, por tanto, la influencia final sobre el carácter depende de cada persona.

jueves, 2 de mayo de 2013

El dinero no compra la felicidad

fuente: http://www.bbc.co.uk/

Oro y joyas

Por: Tom Stafford

¿Sueña con ganarse la lotería y ser feliz para siempre?

Muchos de nosotros también, pero antes de que ponga todas sus esperanzas en un boleto, hay algo que debe saber: toda la evidencia apunta a que ni siquiera un premio grande hará mucha diferencia al final.
Ganarse la lotería no es un tiquete a la felicidad verdadera, no importa cuán atractivo sea imaginar no volver a trabajar nunca y poder comprar todo lo que uno quiera.

Un estudio -"Ganadores de lotería y víctimas de accidentes: ¿es la felicidad relativa?"- encontró que la gente que ganó grandes premios no eran más felices que quienes compraron boletos pero no ganaron.

Al parecer, si uno puede evitar las miserias básicas de la vida, tener un montón de dinero no te hace más feliz que tener poco.

Una manera de explicar esto es asumir que los ganadores de la lotería se acostumbran a su nuevo nivel de riqueza y sencillamente se adaptan a un nivel básico de felicidad, conocido como la "noria hedónica".

Otra explicación es que nuestra felicidad depende de cómo nos sentimos en relación con nuestros pares. Si uno se gana la lotería quizás se sienta más rico que los vecinos y piense que si se muda a una mansión en otro barrio será más feliz. Pero luego mira por la ventana y se da cuenta de que todos los nuevos amigos tienen casas más grandes.

El misterio

Estos dos fenómenos sin duda juegan un papel, pero el misterio más profundo es por qué nos olvidamos de lo que nos satisface cuando podemos conseguirlo.
Tener o no tener riquezas materiales no parece hacer la diferencia para ser feliz.

Los ganadores de la lotería podrían tener en cuenta la "noria hedónica" y el efecto de comparación social cuando se gastan la plata, y así podrían 'comprar la felicidad'.

Pero parte del problema es que la felicidad no es un atributo como la altura, el peso o la renta, que pueden ser fácilmente medidos con un número.

La felicidad es un estado complejo y nebuloso que se alimenta de sencillos placeres pasajeros así como de recompensas más permanentes por actividades que sólo tienen sentido desde la perspectiva de años o décadas.

Por ello, quizás no es sorprendente que a veces nos quede difícil actuar de manera que nos haga más felices.

Las memorias imperfectas y la imaginación hacen que nuestras elecciones momento-a-momento no siempre reflejen nuestros intereses a largo plazo.

Parece incluso que el mero acto de tratar de medir qué nos satisface más nos puede distraer y desviarnos de nuestro objetivo.

Un importante estudio de Christopher Hsee del Chicago School of Business y sus colegas mostró cómo puede ocurrir.