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miércoles, 7 de agosto de 2013

Terrenate, Nueva España

fuente: http://enlasfronterasdelimperio.info



 El presidio de Santa Cruz de terrenate se  encuentra en lo que hoy es el estado  Arizona (EEUU). De él quedan unas pocas  ruinas que en los últimos años han sido  excavadas en sucesivas campañas  arqueológicas. La azarosa y corta  existencia de este presidio sirve para  hacernos una idea de las duras  condiciones que imponía esta frontera  norte de Nueva España.

El presidio de Santa Cruz de Terrenate surge de un intento de avance de la frontera hacia el  norte en Sonora en 1776, en el avance se vieron implicados tres presidios ya existentes: Tubac,  Terrenate y Fronteras. El primero se adelantó hasta Tucson, Terrenate hasta el lugar llamado  Santa Cruz y el tercero hasta un nuevo lugar llamado San Bernardino. Cuatro años después sólo  Tucson permanecía.  

El 4 de julio de ese año de 1775, el Coronel Hugo O'Conor, comandante inspector de todos los  presidios internos, llega al presidio de Terrenate y siendo capitán del mismo Don Francisco  Tovar, le dió la orden de cambiar el presidio al poblado de Santa Cruz, al norte. 

El 22 de agosto   el propio O’Conor eligió un lugar en un acantilado con vista al río San Pedro, que parecía  ofrecer una fortificación natural en varios lados. El área tenía pastos, madera y agua. En la  primavera siguiente, el capitan Tovar llega al lugar elegido con cincuenta y seis soldados  presidiales con 352 caballos y mulas. Junto a la tropa algunos indios aliados y algunos civiles  que no quieren quedarse en el antiguo presidio una vez desguarnecido. 

De inmediato se  empieza a construir el presidio y antes de que se acabe la obra  bandas de apaches empiezan a  hostigar a los recién llegados.  Poco a poco, se hace peligroso ir a por agua y los caballos que pastan alrededor del presidio  empiezan a ser robados, hasta el punto que el capitan Tovar ve que cada vez tiene menos  caballos para perseguir a los apaches. 

El 7 de julio de 1776, un centinela avisa de la  proximidad de un gran grupo apache, el capitán Tovar decide ir a su encuentro antes de que  huyan, para lo cual sale a pie para no perder el tiempo que requiere equipar los caballos. En un  vado próximo, los soldados de cuera intentan cruzar tres veces y son rechazados, a la cuarta  vadean el río San Pedro, un poco más alante los indios se vuelven y el capitan Tovar y 29 de sus  hombres mueren a manos de los arqueros apaches. Dos supervivientes llegan al presidio para  pedir auxilio a los soldados y colonos restantes, pero nadie sale del mismo hasta dos días  después para descubrir los cuerpos de los caídos despojados de sus ropas y equipos.  Un mes después se reciben refuerzos y armas. 

El capitán Francisco Ignacio de Trespalacios  reemplazó al comandante caído, y trajo refuerzos hasta alcanzar ochenta y tres hombres (una  dotación alta para un presidio medio). A mediados de noviembre Trespalacios tiene que partir  con treinta de ellos a casi un centenar de kilómetros al sur en ayuda de la misión de la  Magdalena en el Río San Ignacio. Cuando llegaron se encontraron con que los indios asaltantes  habían saqueado el asentamiento, asesinando a los habitantes e incendiando la iglesia.  

El año siguiente se producen las primeras victorias sobre los apaches, pero son efímeras, el año  1778 vuelven a robarse gran cantidad de caballos y Trespalacios muere con otros 19 soldados  y colonos. Ante esta situación, el teniente coronel Pedro Fagés (de la compañía de voluntarios  de Cataluña), llega con más refuerzos, se restauran acueductos para la agricultura, se plantan  los campos y parece que el asentamiento puede empezar a funcionar, pero los ataques apaches  se reanudan y otros 39 hombres mueren.  Cuando al año siguiente el inspector Roque de Medina llega a Santa cruz de Terrenate la  situación no puede ser más lamentable, quedan 46 soldados  con 98 caballos (recordemos que  la dotación es de seis caballos por soldado de cuera para que sean operativos), 23 mulas.  Habían desertado 20 indios, quedando sólo 4 aliados y el estado de las armas era muy malo.  Ocho soldados carecían de uniforme. Ante esta situación, el inspector recomienda  encarecidamente la evacuación del presidio y el traslado de la dotación a su ubicación anterior.  Se señalaba el aislamiento del presidio, la dificultad de mantener las líneas de comunicación y  de obtener suministros, a lo que se añadía que el presidio más cercano, San Bernardino, ya  había sido evacuado por padecer una situación similar.

En 1788 Santa Cruz es abandonado.  Teodoro de la Croix resumía las razones:  El terror infundido en las tropas y los colonos del presidio de Santa Cruz, que había visto a dos  capitanes y más de ochenta hombres perecer a manos de los enemigos en campo abierto a una  corta distancia del puesto, y los incesantes ataques sufridos de las numerosas bandas de  Apache, que no permiten el cultivo de las cosechas, que sorprenden a las reatas de mulas que  transportaban los efectos y suministros, que roban las manadas de caballos y ponen a las  tropas en la situación de no poder asistir a su propia defensa, haciéndolos inútiles para la defensa de la provincia.