Los judios ortodoxos que quieren romper el silencio del suicidio
fuente: http://www.bbc.com/mundo/
Entre los ortodoxos, quitarse voluntariamente la vida es considerado un pecado grave que trae vergüenza a la familia.
Pero
una pareja que perdió a dos de sus hijos por suicidio creen que es
necesario actuar para prevenir este tipo de muertes y ayudar a las
familias a hacer luto.
En 1995, un joven de una de las comunidades kibutz del valle Beit She'an, en el este de Israel, se quitó la vida. Fue el primer suicidio registrado desde que se fundara esta comunidad agrícola en los años 30.
Amit Alexander hacía el servicio militar en la brigada Golani, una unidad de élite de las fuerzas de defensa israelíes, cuando se pegó un tiro.
Pero a Esther y Gil Alexander les dijeron que Amit había muerto en un accidente durante un entrenamiento.
"Sentí
que una tonelada de concreto caía sobre mis hombros y que mi mundo se
derrumbaba", cuenta Esther Alexander. "No tengo palabras para
expresarlo... Toda madre con un hijo en el ejército teme que algo pueda
pasar. Pero cuando ocurre es terrible".
La
brigada no se equivocó al no informarle a los Alexander que la causa de
la muerte había sido un suicidio. Assaf Banitt, quien había servido
junto Amit, recuerda que fue deliberado.
"Cuando asistimos al funeral el comandante nos dijo 'escuche, no vamos a mencionar la palabra suicidio. Es una familia religiosa y nadie habla del tema. Ellos no deberían saberlo, en lo que a todos respecta, fue un accidente con un arma de fuego'", cuenta.
Pero Gil y Esther siguieron haciendo preguntas hasta que descubrieron la verdad.
El día de su muerte, Amit había participado en una
marcha muy intensa que hizo que se desmayara. Sus compañeros lo tuvieron
que llevar a cuestas el resto del entrenamiento.
Más tarde, Amit
le confesó a un compañero que si bien ya estaba recuperado físicamente,
se sentía emocionalmente muy mal por lo que había pasado.
Así que se ofreció como voluntario para hacer una guardia. Pero cuando tocaba hacer el relevo, otros soldados encontraron su cuerpo. Se había pegado un tiro en la boca.
Las razones que llevaron a Amit, un joven sociable, a quitarse la vida, siguen siendo un misterio para sus padres. Pero de lo que no les queda dudas es que se trató de un suicidio.
Durante el segundo o tercer día del shiva, una semana en que los familiares hacen luto quedándose en la casa, recibiendo visitas y rezando, el administrador del kibutz y un trabajador social llegaron a la casa para hablar en privado con los padres.
Ellos
tenían una sugerencia, la muerte de Amit debía ser tratada como un
accidente, se sentían seguros de que un informe del ejército lo
confirmaría como la causa de muerte.
"Nos pidieron que no
hablásemos de suicidio", recuerda Esther. "Y eso no nos pareció bien. Le
dijimos que si pensábamos que era un suicidio, entonces hablaríamos de
ello. No queríamos que todo el mundo estuviera hablando de suicidio,
pero que esa palabra no estuviera prohibida en nuestro hogar".
"Ya
nos ocupaba suficiente energía lidiar con lo que nos estaba ocurriendo
para que estuviéramos gastándola tratando de mantener un secreto".
Seguro que el suicidio de Amit no fue el primero en
esa comunidad kibutz. Lo más probable es que hayan ocurrido casos que se
hayan cubierto como accidentes.
La prohibición sobre el suicidio es estricta en el judaísmo.
La
tradición dicta que las personas que se quitan la vida deben ser
enterrados por separado y su familia no debe conmemorarlos con un shiva.
El
estigma que conlleva el suicidio puede incluso afectar los planes de
matrimonio de los hermanos, y Amit era el mayor de siete.
"En la comunidad cercana había una gran sorpresa, la gente no creía lo que había pasado", explica Esther.
"Ellos
empezaron a temer por sus propios hijos, porque pensaban que si le
había pasado a Amit, un joven tan talentoso, le podía pasar a cualquiera
y ¿cómo podían proteger a sus hijos?"
Assaf Banitt tenía una experiencia personal de
suicidio en la familia, pero él venía de una familia menos religiosa
donde no había tal secretismo.
El ambiente de negación y decepción que había con la muerte de Amit se quedó con él.
Seis
años más tarde escribió una pequeña historia sobre el funeral, el cual
se publicó en una antología que más tarde llegó a las manos de Gil y
Esther.
En
julio de 2008 recibió una llamada de la pareja. Le dijeron que cuatro
meses antes habían sido golpeados por una segunda tragedia; otro de sus hijos, Yotam, también se había quitado la vida.
Yotam
había sido un estudiante devoto y talentoso que cursaba sus estudios en
Otniel, cerca de Hebron. Debido a que la escuela estaba ubicada en un
asentamiento de Cisjordania, tenía guardias de seguridad armados.
Un
día en que los guardias se unieron a los estudiantes para hacer las
oraciones de Amidah, Yotam se levantó, agarró una de las armas y se pegó
un tiro en el patio de la sinagoga.
En este caso, las autoridades del kibutz no hicieron ningún intento por cubrir la verdadera causa de la muerte.
Pero
a pesar de la reglas en contra de enterrar a víctimas de suicidio con
el resto de los otros muertos, a Yotam le permitieron descansar junto a
su hermano Amit en el cementerio del kibutz, en una emotiva ceremonia
con una buena cantidad de apasionantes discursos.
Esto hizo que
los rabinos de la zona dieran instrucciones para prohibir elogios en
ceremonias de suicidios y exigieron que en el futuro este tipo de
funerales se mantuvieran en bajo perfil.
En el colegio local del kibutz,
en el que estudiaron los chicos y Esther trabajó durante 20 años, Amit
es recordado en el día anual que conmemora el Día de los Caídos. Yotam
no.
Una semana tras la muerte de Yotam se realizó una lectura durante su yeshiva sobre cómo el suicidio va en contra de la fe judía.
Esther cuenta que no se mencionaba el nombre de Yotam y que esto dificultó que sus amigos superasen el duelo.
También
les ha dicho que limitarse a decir que el suicidio está prohibido, sin
tratar problemas como la depresión y la ansiedad, implica que otros
estudiantes se inclinen a no hablar de sus problemas, en lugar de
contárselos a los rabinos en las escuelas.
En octubre de 2008, Banitt empezó a hacer una
película con Esther y Gil, mostrando el dolor y la crisis de fe de la
pareja, así como sus esfuerzos para aumentar la concienciación sobre el
suicidio entre los rabinos, los soldados y los líderes de las
comunidades.
El suicidio, explica el rabino Graddy, de la
Congregación de Israel, es percibido en el judaísmo como un pecado muy
serio, quizás peor que el asesinato. Matarse es un acto de rebelión
contra Dios, un rechazo del regalo de la vida y un rechazo del reto de
vivir bien en preparación para la siguiente vida.
Pero también
añade que en la teología y la historia judía, hay ejemplos de suicidios
en los que se respeta a las personas que los cometen.
Esther y Gil esperan que el documental sobre su historia, titulado "Against your will", ayude a que haya cambios.
"Es
muy emocionante, llega al corazón", dice Esther. "Y, por otro lado, no
está hecha de forma que haga que la parte religiosa de nuestra sociedad
la rechace, ni tampoco muestra cosas de forma imprecisa, porque está
hecha con mucho respeto y amor por nuestras comunidades".
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